Veinticinco de Noviembre, Día contra la Violencia de Género.

Este pasado lunes día 25 de Noviembre, se celebró el día contra la Violencia de Género. En el IES La Soledad quisimos rendir homenaje a todas las víctimas y reivindicar una sociedad sin violencia ni abusos.
Para ello, en el centro, los alumnos de cada curso, redactaron algunos manifiestos los cuales fueron leídos durante el descanso. Además de esto se celebró un concurso de micro-relatos acorde con el tema. Este que le presentamos fue uno de los que se leyó durante esta actividad….

“Aquellos ojos almendrados”

-¿Cómo se conocieron?

-Nos conocimos en la noche de San Juan…

Yo tenía 19 años y él 23. Había ido ese fin de semana a Málaga para ver a una amiga; Emma, hacía muchísimo tiempo que no la veía y estaba deseando pasar unos días con ella

La noche prometía, un grupo de amigos compramos petardos, bebida y algo de comida; lo típico para un día de San Juan. Yo nunca había vivido en primera persona las clásica hogueras en la playa pero al parecer y sobre todo por la insistencia de Emma, era una de las mejores fiestas.

Era tarde, si no recuerdo mal serían las tres de la madrugada, y aunque la juerga se encontraba en pleno auge yo estaba cansada y aburrida, no conocía prácticamente a nadie y me agobiaba al ver tantas hogueras y gente bebida. Decidí apartarme un poco del barullo…

Estaba sentada casi en la orilla intentando despejarme de aquel ambiente tan cargado, cuando del mar sonaron risas y carcajadas, seguidas de ellas aparecieron entre la oscuridad de las olas dos jóvenes. Uno de ellos, empapado y aun riendo, detuvo su enigmática mirada en mi aturdida pupila. No sabía muy bien como reaccionar, no apartaba sus ojos almendrados y rasgados de mi.

Pensaba que seguiría de largo con su amigo, pero para mi sorpresa se detuvo al lado mía y se sentó; su compañero siguió de largo. Por instinto pegué un salto y me retiré de él, pensaba que estaba bebido y no me olía nada bueno, sin embargo me tranquilizó afirmó que no había probado gota simplemente tenía calor y decidió darse un baño….

Era ingenioso, inteligente, divertido, respetuoso… Hablamos y hablamos, pasó la noche, la tímida luna se oculto bajo el horizonte del mar y salió un poderoso sol dorado. Habíamos pasado todo el día conversando pero… No estaba cansada y de hecho me apetecía más. Nos dimos los números de teléfono y prometimos llamarnos…

Pasaron las semanas y los meses. Hubo una primera cita, una segunda, una tercera… también una cuarta y así, hasta que comenzamos a salir o como él decía; hasta que fui su “chica”.

Llevábamos ya un año y medio juntos y todo iba muy bien. Naturalmente hubo algunas disputas insignificantes aunque lo que verdaderamente me llamó la atención y me alertó por primera vez fueron sus celos, era algo obsesivo; todo lo llevaba al extremo sin embargo se le pasaba rápido, era como una rabieta de niño pequeño.

Siguieron pasando los meses… Y los años, ya habían transcurrido cinco desde aquella noche de San Juan. La relación se veía compacta e impenetrable desde fuera, aun así, en la intimidad aquellos ataques de celos o rabia fueron en aumento, ya no era la rabieta de un niño, ahora era el berrinche de un hombre de 28 años. Recuerdo aquella vez; como no olvidarla, en la que fuimos con unos amigos a un nuevo club que había abierto un conocido nuestro. Quique, un viejo compañero de nuestra pandilla, y yo fuimos a pedir unas bebidas a la barra. El pub estaba lleno de gente y tardaron mucho en servirnos, cuando llegamos al lugar donde se encontraban el resto…. Me miró, pero ya no era aquella mirada enigmática de ojos almendrados y rasgados que vi años atrás, en aquella playa. Ahora eran unos ojos cargados de ira y rabia, no me habló en toda la noche.

Me acompañó a mi piso, estábamos solos y en la puerta antes de entrar…. Explotó. Fue la primera vez que tuve miedo, sin embargo cuanto más me gritaba, más le gritaba yo a él hasta que… Rompí a llorar y me fui a la casa de una amiga. Solo le conté que había sido una pequeña discusión, pero en mi interior sabía que no era así.

El tiempo siguió su curso, yo tenía 32 años y él 36 cuando decidió pedirme compromiso. Estaba… Enamorada, pletórica e ilusionada, aquella proposición fue una especie de varita mágica la cual consiguió borrar todos los problemas vividos hasta entonces y eliminar mis dudas acerca de el rumbo de aquella relación.

Todo era perfecto, nos fuimos de luna de miel a Bombay, cuando regresamos compramos una pequeña casa, la reformamos juntos, la decoramos y la pintamos… Aquel último año sirvió para unirnos mucho más, no sufrimos ninguna pelea, simplemente nos queríamos, aunque pensándolo desde la distancia durante ese tiempo me tuvo más atada , sobre todo cuando me quedé embarazada…

El 21 de mayo nació Clara, mi única hija y mi pañuelo de lágrimas. Él poco a poco se convirtió en una persona fría y distante, incluso con nuestro bebé; en cierto modo nunca me sentí protegida por él, pero durante ese periodo de tiempo estuve verdaderamente sola.

Me pidió que dejara de trabajar para que cuidara de Clara, también me ordenó, aunque con sutileza engañosa que dejara de salir, incluso por las mañanas, simplemente para cuidar de la niña. Las primeras veces le reprochaba su actitud de dictador, pero cada vez que lo hacía me gritaba e insultaba, incluso delante de nuestra hija, no lo podía permitir me hacía sentir mala madre. Pero con tal de no escucharlo le obedecía.

Clara ya tenía 16 años y sabía perfectamente la situación que se vivía en casa. Por parte de él nunca se cortaba en humillarme delante de ella, de hecho con el paso del tiempo se convirtió en una persona maniática. Tenía programado un horario de comidas, si no le servia el almuerzo a las dos en punto… Se avecinaban problemas, incluso llegó a forcejear conmigo. Un día, me pidió que le cocinara cordero, le reproché que necesitaba casi mas de dos horas para prepararlo y que posiblemente el supermercado no tuviera dicha pieza. Sin embargo el insistió bruscamente.

Fui a la tienda y nerviosa me dijeron que desgraciadamente y como me imaginaban no les quedaba cordero. Al llegar a casa, atemorizada le comenté lo sucedido y tras una avalancha de insultos humillantes se abalanzó sobre mí.

Clara me acompañó al hospital, necesite cuatro puntos de sutura en el pómulo derecho, también tenia la muñeca fracturada. Mi hija tuvo que denunciarlo por mi, fue detenido y acusado de malos tratos. Sin embargo el miserable tuvo la desfachatez de llamarme un mes después de aquello para decirme que… Aun me quería y me necesita.

No creo que vuelva a ser la misma de antes, pero se que puedo salir de esta depresión, cuento con su ayuda y con la de mi hija.

-Claro que si.Y dígame… ¿Usted… le sigue queriendo?

-Tan solo le diré, que aquella noche de San Juan hace casi más de 20 años, aun la recuerdo. Y no le voy a negar… Doctora, que aquellos ojos tan enigmáticos, almendrados y rasgados de ese desconocido, aun están tatuados en mi memoria…

Escrito por: Fuensanta Pérez Ortiz, alumna de 4 de ESO.

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