“Seda”, o el amor del alma

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La novela de nuestro Segundo Desayuno Literario plantea un tema que, hoy por hoy, es poco común, sobre todo entre los jóvenes y los adolescentes: la incomunicación en el amor. Ni Hervé Joncour ni la muchacha japonesa se expresan abiertamente lo que sienten el uno por el otro, ya se trate de amor, sexo, atracción o lo que sea. Por otro lado, tampoco Heléne, la esposa de Joncour, habla directamente de lo que siente o sospecha acerca de la relación peculiar que se da entre él y la chica del Japón. Todo ocurre en la fantasía, o mejor dicho, se alimenta de un ideal que no se comunica, especialmente en el caso de Joncour y la chica de Hara Kei. Ni siquiera llega a saber su nombre. Pero lo cierto es que, de un modo u otro, se enamoran, o se entregan a un sentimiento que se ha creado a partir de miradas y de contactos visuales a través de un vaso o de un tejido que roza de alguna manera a Joncour. Y en cuanto a Heléne, sospechando lo que sucede y lejos de actuar de manera directa, hace lo mismo que los otros dos personajes y se pone a escribir cartas en japonés fingiendo que es la “otra” y tratando así de rescatar algo que se está extinguiendo: la pasión. Todos estos personajes optan por hacer las cosas de un modo que no es directo, y así se teje una trama cuyo desenlace no podía ser alegre bajo ningún concepto.

Y sin embargo, lo que esta novela relata es algo que desde siempre se ha dado en la cultura occidental desde los poetas de la Edad Media: el amor cortés, o el amor que se hincaba en el alma solo a partir de una mirada o de un encuentro causal en la calle. Alessandro Baricco vuelve al pasado literario y cultural de Europa para mostrarnos el relato de una pasión que se nutre de fantasías y de idealizaciones, porque hasta el pasaje más claramente sexual no ha ocurrido nunca, salvo, una vez más, en las fantasías de la muchacha japonesa. Si algo así puede ser vivido o considerado como real o no creo que carece de fundamento, porque de algún modo surge el amor o la pasión entre los personajes (entre Joncour y la japonesa), o se empieza a destruir un vínculo de pareja de muchos años (Heléne y Joncour). Y el amor puede tener vida solo a partir de lo que no se dice, de lo que se insinúa, de lo que parpadea o late en las miradas o en la dulzura inevitable que nace de dos personas que se atraen. Este quererse sin hablar, solo con la suavidad de lo que no se menciona, solo con la “seda del alma”, que es la que toca una y otra vez a sus personajes, es lo que mueve esta historia y es, como hemos dicho ya, algo que en nuestro tiempo no se estila ya. Al menos eso veo a mi alrededor.

¿O quizá si? ¿Qué opináis?

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2 respuestas a “Seda”, o el amor del alma

  1. Una historia preciosa, felicidades por el segundo “Desayuno Literario”. Todo un éxito!!

    Perritafaldera.wordpress.com

  2. maria victoria diaz tena dijo:

    Me ha encantado es muy bonita.
    Una historia perfecta para en segundo desayuno literario,felicidades a todos por el trabajo que habéis hecho.

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